Mi Mundito de Pensamientos











{Sab, 6 Oct 2007}   Pensamientos

Esta mañana, yo estaba revisando mi correo cuando vi un mensaje con un título interesante: Mephi-boseth. De verdad, este era la lección devocional del día de mi cumpleaños. Yo había visto ese título en ese día, pero no miré el mensaje hasta hoy.

El autor de la lección, Kevin, habló de la historia de Mephi-boseth, que les pongo aquí abajo para ustedes:

2 Samuel 9:1-13
1 Y DIJO David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, á quien haga yo misericordia por amor de Jonathán?
2 Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual como llamaron que viniese á David, el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo.
3 Y el rey dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, á quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aun ha quedado un hijo de Jonathán, lisiado de los pies.
4 Entonces el rey le dijo: ¿Y ése dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Machîr hijo de Amiel, en Lodebar.
5 Y envió el rey David, y tomólo de casa de Machîr hijo de Amiel, de Lodebar.
6 Y venido Mephi-boseth, hijo de Jonathán hijo de Saúl, á David, postróse sobre su rostro, é hizo reverencia. Y dijo David: Mephi-boseth. Y él respondió: He aquí tu siervo.
7 Y díjole David: No tengas temor, porque yo á la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonathán tu padre, y te haré volver todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre pan á mi mesa.
8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires á un perro muerto como yo?
9 Entonces el rey llamó á Siba, siervo de Saúl, y díjole: Todo lo que fué de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
10 Tú pues le labrarás las tierras, tú con tus hijos, y tus siervos, y encerrarás los frutos, para que el hijo de tu Señor tenga con qué mantenerse; y Mephi-boseth el hijo de tu señor tenga con qué mantenerse; y Mephi-boseth el hijo de tu señor comerá siempre pan á mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
11 Y respondió Siba al rey: Conforme á todo lo que ha mandado mi Señor el rey á su siervo, así lo hará tu siervo. Mephi-boseth, dijo el rey, comerá á mi mesa, como uno de los hijos del rey.
12 Y tenía Mephi-boseth un hijo pequeño, que se llamaba Michâ. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mephi-boseth.
13 Y moraba Mephi-boseth en Jerusalem, porque comía siempre á la mesa del rey; y era cojo de ambos pies.

En aquella época, era habitual matar a los parientes y descendantes del rey anterior, para no haber problemas con la secuencia de la monarquía. El pastor Kevin dijo que, así como Mephi-boseth, nosotros cristianos no tienen derecho de vida. No merecemos la salvación que Cristo nos compró en la cruz, pero lo tenemos por gracia. Así, a pesar de nuestros pecados, podemos vivir en comunión y compañía con Dios.

Como fue mencionado en el texto, Mephi-boseth tenía una discapacidad: “era cojo de ambos pies”(versículo 13). Aunque Kevin no tocó mucho en ese punto, yo lo vi con un punto de vista distinta, el de una persona también discapacitada.

El punto que pretendo lograr va junto con la idea de la aceptación de Dios de todos que le llaman su Señor y Salvador. Pero primero, les ilustro el punto con una anécdota, que, por casualidad, tomó lugar en la víspera de mi cumple.

Yo estaba hablando con un hermano brasileño, el que no solo había conocido ese día. Mencioné mi ceguera, y él comencé a hablar de la restauración de mi vista. Ya, esto no es un tópico nuevo para mí, pero cada vez que surge, parece que siempre es con una de aquellas personas que son fuertes en sus opiniones, especialmente cuando tiene que ver con lo que llamamos aquí “la teología de salud y riqueza.” Este hermano me dijo que “Dios no puso las enfermedades en nadie,” y él insistía que yo no estaba aceptando el regalo de la restauración de mi vista. Esta fue la respuesta a mi afirmación que yo creo que hay alguna razón por que soy ciega. Aún le di ejemplos de las ventajas, a saber, que no juzgo las personas por como aparecen.

La situación llegó al punto de que, aunque le hubiera pedido al hermano que pare de hablar del asunto, no paró, y por fin decidí bloquear a él. Pero solo fue por un día. Unas 24 horas después, le desbloqueé, dándome cuenta que le pudiera perdonar por su actitud.

Les voy a dejar para ahorita, porque tengo que desayunar y hacer unas tareas domésticas, pero voy a continuar este tema en mi próxima entrada, que ya es parcialmente escrita.

Que Dios les bendiga a todos.



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